Hay que remontarse mucho tiempo atrás para encontrar en la historia del deporte tinerfeño una proeza siquiera similar a la firmada este domingo por el Cemex. Sólo el Marichal, Los Rojos de béisbol y por supuesto el mejor Tenerife de todos los tiempos llegaron tan alto y tan lejos como este equipo de hockey que nace en la humildad, crece la ambición y llega a la felicidad en la gloria de Dinan, la ciudad de Francia que siempre permanecerá, desde hoy, indeleble en su memoria.
Inolvidable. No había enviados especiales ni cámaras ni tampoco sólo un periodista tinerfeño en la cancha gala de Quebert. Es el síntoma inequívoco de que no ha sabido o no ha podido venderse bien el proyecto de Federico Almenar y Mateo de Ramón, ambos víctimas de la incomprensión y de la soledad en los momentos difíciles para un deporte minoritario como lo es el suyo. Queda para el recuerdo, en ausencia de otros testigos, la narración desgarrada del directivo Emilio Caloca para los oyentes de Radio Club en un documento sonoro impagable. "¡Goooool!", fue su último grito, el que provocaba júbilo compartido en Tenerife y en Dinan, de distinta forma pero al mismo tiempo.
Asignatura pendiente. Antes de la final, confesaba el presidente Almenar que queda en el debe de su meritorio proyecto la difusión pública del hockey al menos a la altura del mérito de los jugadores y técnicos que lo han llevado a lo más alto. Es imprescindible que esta Copa CERS se convierta en el mejor arma del Cemex para darse a conocer definitivamente y para llenar por fin su cancha del Camurria. "El que va a vernos, repite", dice Mateo de Ramón. El problema es que pocos prueban esta contagiosa afición de acudir los sábados a ver al equipo de Creus, Sánchez, Alen y compañía. Desde hoy, tienen que ser más.
La cantera. En medio en la euforia, quedaba a Almenar y a su gente la pena de que la fiesta de Dinan no hubiera tenido como escenario una cancha nuestra en Santa Cruz. La Comisión Europea -así se llama el organismo que manda en el hockey- tiene un reglamento tan anacrónico como absurdo, tanto como para que una competición en la que participaban tres equipos españoles y uno italiano se celebre en Francia; tanto como para impedir a los clubes de los países con mayor número de licencias (España, Italia y Portugal) pedir para sí la organización de una 'final four' si a ella también optan equipos de otras latitudes. Así se escribe la historia de cómo se fue a Dinan la Copa CERS que ganó el Tenerife.
Se lo merecen. La semana que se le viene al Cemex será de agasajos, buenas palabras y mejores intenciones. Aguardan ansiosos los políticos de siempre para hacerse la foto de rigor con los flamantes campeones europeos, pero sean bienvenidos los homenajes si sirven de reconocimiento a quienes lo merecen tanto como los tíos del Cemex. Primero su presidente, bandera de la ilusión; luego su entrenador, el hombre que les llevó a la élite; y siempre sus jugadores, un grupo humano que ha hecho del compromiso y del compañerismo sus más firmes y nobles valores en el desarrollo de un deporte que les hace felices.
MANOJ DASWANI, periodista de la Cope y La Opinión. [correos a: manoj_daswani@hotmail.com]