Es sorprendente como un simple detalle, inocuo y sin intención, puede provocar un impacto mas allá de lo previsible; en mí caso tuvo un impacto representado en tranquilidad y seguridad y no porque crea que tengamos al mejor, sino porque él me demostró que sabe que no lo es, pero que quiere serlo. Eso, honra a cualquiera y sobre todo demuestra la verdadera pasta de la que está hecho. Sobre su figura siempre ha rondado un halo infundado y menos aún, demostrable, sobre su prepotencia o chulería goda, algo que con un simple hecho desmoronó como los grandes, sin hacer ruido.
Érase un viernes en el que sumido en la vorágine de cualquier otro me encontraba, en este caso había sido una semana de constantes viajes interinsulares, Fuerteventura, Lanzarote, Gran Canaria y el último día debía regresar a Fuerteventura para finiquitar algunos temas laborales y me encontraba metido de lleno entre una maraña de comerciales en vaqueros, turistas despistados y empresarios de chaqueta en pleno Aeropuerto de Los Rodeos cuando en el Bar de siempre avisté al personaje, lo reconocí como fiel seguidor del Tenerife que soy, porque no había nada que lo hiciera resaltar del resto, para el desconocedor, era un pibe mas esperando su vuelo a intempestivas horas de la madrugada, en su caso con destino Madrid, para mí como para todos los seguidores blanquiazules, era el portador de las esperanzas de todos aquellos que entienden que la camiseta de las aspas puede que no sea la mas bonita pero es a la que mas apego sentimos.
Me quedé observando su proceder y empecé a entender que, como me asegurara anoche un amigo que trabaja en los medios “es un pibe cojonudo que probablemente no ha terminado de asimilar el seguimiento tan grande que se le tiene”. Palabras certeras si me baso en lo que mis legañosos ojos vieron a las 6:00h. Estaba ahí en medio de todos, como uno más, lejano a esa imagen de personaje poderoso e inalcanzable, esperando a que le sirvieran un zumo de naranja con la que engañar un estómago con desajuste horario.
Desconozco si iba a ver algún partido, llevaba algún nombre en la agenda o simplemente iba a visitar a la familia, tal vez todas, aunque eso carece de importancia, lo importante era verlo como cualquier mortal, medio dormido, en vaqueros y suéter, con un libro en la mano demostrando que no tiene nada que ocultar diciendo sin palabras como cualquier buen canterano “sé que dicen que tengo futuro, pero hay que seguir trabajando, me queda mucho por aprender”. El libro era de Gabriel Masfurroll y el título era “Aprenda de los mejores, el éxito en la empresa y el deporte”.
Sigue aprendiendo Alfonso, no dejes de aprender nunca, buen viaje y feliz regreso.
Estamos en buenas manos.
Un saludo,
Oliver Landi
checo