No me quiero poner ninguna medalla, pero ya venía avisando hace menos de 1 mes: la euforia que se vivía en el entorno de nuestro Tenerife era absolutamente artificial. Y apenas unas semanas después, tras el empate en el último suspiro ante la UD Las Palmas, el cartón piedra de la ilusión por el ascenso y ha dejado al descubierto lo que había detrás: la más absoluta de las nadas.
Sólo los más ingenuos e ilusos (siempre, en ambos casos, bienintencionados) seguían soñando. Pero era un sueño que pretendían mantener de forma artificial, una fantasía donde ser feliz y no querer darse cuenta que este año, con el matiz de que hemos llegado a falta de 10 jornadas con alguna posibilidad, la temporada terminaría donde han terminado la mayoría de ellas en los últimos años, o sea, en la mediocridad de la clase media de la tabla clasificatoria.
Si analizásemos las declaraciones públicas realizadas desde dentro del club (directiva, jugadores y cuerpo técnico) se hablaba de ascenso con la boca pequeña, no por precaución, sino porque ni ellos mismo se creían sus propias palabras. No hay mimbres suficientes para hacer el cesto soñado. Tenemos a un grupo compuesto por los Nino, Sicilia, Culebras, Bertrán, Ayoze y pocos más que pueden ser, a priori, titulares en un equipo con aspiraciones. Luego, otro grupo de mediocres que no terminan de arrancar, como los Blanco, Iriome, Santos, Martínez o Ricardo. Y luego, auténticos lastres que, como en el caso de N’diaye, debería ser despedido con fanfarrias el día que abandone la isla camino a Valencia.
Nuestros medios de comunicación también se han puesto, en su mayoría, la venda en los ojos y han vendido al aficionado la falsa percepción del sueño posible, sin darse cuenta que el día que el equipo se cayera de sus aspiraciones (como ya ha ocurrido) el taponazo iba a ser superior que si se hubieran mantenidos callados. La mayoría, por acción u omisión, deberían quedarse en sus casas sin salir cuando termine la temporada. Y, a ser posible, que no empiecen la siguiente.
Quedan apenas 7 jornadas para terminar la temporada de forma decente. Para que este grupo de jugadores no se acomoden (más) a una competición sin objetivo. Para que sigan pensando en brindarle victorias a aquellos que les pagan y les siguen. Para que luchen por ganar al rival y no por ganarse una renovación de sus contratos. Para hacer fuerte al entrenador de cara a la 2008-2009 sin que el entrenador caiga en los errores pueriles en los que ha tropezado una y otra vez este año.
Ya no hay sueño. Se acabó la historia del entrenador en formación. Se acabó lo de grupo joven y unido. El año que viene querremos mimbres. Queremos resultados. Sin excusas.