Ni un atisbo de autocrítica. Así ha demostrado ser José Luis Oltra durante esta temporada que se desvanece. Un hombre que no se mira para adentro sino que busca los problemas fuera. Que el equipo haya jugado de forma mediocre toda la temporada, que el final de la misma haya sido casi infartante al no asegurar la permanencia hasta el penúltimo encuentro, que la plantilla no haya rendido al nivel esperado, que el equipo haya encajado un sinfín de goles.... todo es culpa de la plantilla, de unos jugadores que no ofrecen continuídad y que no tienen jerarquía. Pero, quiérase o no, un equipo es el reflejo sobre el terreno de juego de su entrenador.
El Tenerife que termina es fiel reflejo de lo que ha resultado ser al final José Luis Oltra: un equipo sin ambición, sin fuerza, sin carácter. Fofo, que se dice en esta tierra. Un equipo fofo de un entrenador fofo. La resignación por bandera. Sin apenas reacción cuando el equipo encaja un gol más allá de la ejecución de cambios a tontas y a locas. Hoy 3 defensas, mañana 5 delanteros.
Un míster con carácter imprime ese carácter al grupo, por más que le mismo pueda estar compuesto por una banda de 24 pusilánimes cuya única meta en el deporte profesional es enfundarse la camiseta de un equipo que aspira a pulular entre la clase media de la Segunda División. De jugadores que pueden dar gracias al cielo por haber llegado a ser profesionales de esto y de jugadores que renuncian a formar parte de una plantilla de Primera División (y a disputarse un puesto en ella) para bajar a las profundidades de esta división mal llamada de plata.
Que la plantilla de esta temporada es mediocre (por no decir mala), es cierto. Que José Luis Oltra no es lo que pensábamos al principio de la misma, también. La dinámica clasificatoria, que no nos desenganchaba del quinto o sexto puesto a pesar de no ganar partidos, ha ido salvando su trabajo jornada tras jornada. Cuando tocó apretar las nalgas para aspirar a más, plantilla y entrenador se desinflaron como un souffle barato. Los números de Oltra en las 11 últimas jornadas de liga (un cuarto de campeonato, el realmente importante) han sido de cese.
La próxima temporada pocas excusas valdrán. A Oltra se le ha acabado la excusa de entrenador en formación, de técnico joven y con futuro. Ahora las exigencias son otras. Con un grupo mayoritariamente nuevo, en el que deberá meter mano en su elección, las perspectivas para la 2008-2009 son máximas. Que coja el toro por lo cuernos, que saque la jerarquía de entrenador con aspiraciones aunque, me temo, esta palabra le quede un poco grande.