Somos de lo que no hay. Un auténtico desastre. Hemos pasado de aficionados incondicionales a aficionados incomprensibles. Cada vez nos parecemos más a la agria afición del Valencia, que todo lo pita, que todo lo protesta, sea bueno o malo. Somos la afición levantina de este lado del Atlántico. No somos inconformistas, somos caprichosos. La mosca cojonera de las aficiones de la Segunda División española.
Si la dirección deportiva trae para el equipo jugadores jóvenes y desconocidos, es que a esos no los conoce nadie. Si se trae gente con experiencia en la categoría, son unos cartuchos quemados. Si cedemos a un canterano es porque el club no quiere tener gente de la casa y no los cede nos preguntamos el porqué el club no les da la oportunidad de jugar en otro equipo si aquí no tienen minutos.
Si el carnet de abonado es azul, cuestionamos el porqué no se ha hecho rojo. Y si la ropa de paseo y de entrenamiento para esta temporada es rojo, nos quejamos porque ese color no representa al equipo para, seguidamente, criticar a club y marca deportiva achacándole que no innova en los modelos, diseños y colores de la equipación del equipo.
Si el césped se nos muere bajo los pies, gritamos a los cuatro vientos que debe ser cambiado. Pero cuando es cambiado, ponemos en duda que los tepes estén preparados para soportar la carga del juego casi un mes y medio más tarde de su transplante.
Si Oltra dice que tiene en sus manos, a su juicio, la mejor plantilla de la categoría lo acusamos de ser un vendedor de humo sin escrúpulos. Pero, faltaría más, si se calla la boca y trabaja en silencio se le acusará de ser un técnico con falta de ambición.
Se va Raúl Navas y nos alegramos porque se ha ido el rey de la noche lagunera, pero sin solución de continuidad nos quejamos de que Aragoneses viene a la isla a quemar todos los garitos de música y alcohol que se le pongan por delante. Si gana, le pagarán los copazos. Si pierde, deberá esconderse para que no se lo rompan encima.
No sabemos lo que queremos. Somos 7000 incondicionales en el estadio y unos pocos más protestando por todo lo que se mueve alrededor del equipo, parándonos en detalles nimios y en acusaciones superfluas. Que en el club no haya transparencia económica nadie habla. De que nadie sepa de qué manera puede sr viable el club, tampoco. Qué más da que hayan 30 millones de euros de deuda si resulta que no nos gusta la camiseta porque el cuello de la camisa es en pico en vez de en redondo.
Es imposible trabajar en este ambiente. Así nos luce el pelo, año tras año.