Que un derby es más que un partido no se puede negar. Que un derby es más que un encuentro no hay nadie que lo contradiga. Y si, además, le añadimos el apelativo de "canario", la fuerza gravitatoria hace un kit-kat y provoca que todo, absolutamente todo, gire en torno a la semana, el día, la hora y media partido que es ese partido que es más que un partido.
Por definición, el derby canario no se queda en el mero enfrentamiento entre dos equipos: El derby canario resume toda la energía concentrada en muchos meses de tertulias, de lecturas, de goles cantados y goles fallados, de fichajes, de enfados y alegrías, de ilusiones y decepciones. El derby canario es lo que define, en definitiva, al futbol de nuestras islas. Sin derby, la liga pierde mucho sabor; el objetivo de acercarse o alejarse al rival es primordial en nuestros corazones, de ahí que no vivamos igual una liga con derby que sin derby.
Y es que un gol en un derby se respira mucho más fresco que en cualquier otro partido. Se cierran los puños con más fuerza. Se grita con más ímpetu. Se alzan las manos hasta casi rozar las nubes. Incluso, diría que hasta el alma nos abandona durante un efímero instante, sumergiéndonos en un eterno éxtasis que dura apenas unas décimas de segundo. Cuando se canta un gol en un derby, la temperatura del estadio sube muchos grados.
Cuando el Tenerife y Las Palmas se cruzan en sus respectivas trayectorias, el fútbol pasa a llamarse derby. Da igual que haya otros partidos, el derby absorbe toda la atención que cualquier ser humano pueda prestar jamás al fútbol. No hay fenómeno natural, mucho menos alguno artificial, que mueva tantas pasiones ni tantas voluntades como el derby canario. Ni siquiera quienes se propongan huir del fútbol podrían huir del derby. Aún cuando Tenerife y Las Palmas no alinearan a ningún futbolista canario, la victoria seguiría siendo el acontecimiento del año.
El derby no entiende de trayectorias ni de rachas. Aunque uno de los contendientes sea el equipo a batir de la categoría y el otro el defenestrado, el derby los convierte en iguales, en parejos, en rivales de la misma liga, del mismo objetivo: ganar al eterno rival. Da igual que uno de los equipos lleve varios partidos cayendo derrotado; la victoria supone siempre un impulso, y la derrota, un lastre.
Desde que leas estas líneas hasta que te encuentres, bufanda al viento, animando a tu equipo, habrán pasado varias horas, tal vez varios días. Y, sin embargo, tendrás la sensación de que toda la semana ha sido, en realidad, un sólo día. El del derby.