Aquel día se producía un levantamiento en Andalucía contra el gobierno de la II República Española, luego de la movilización, el día anterior, de las fuerzas militares del territorio español en Marruecos. En esa fatídica fecha murió la penúltima España democrática, tras la cual hubo que esperar 39 años hasta la recuperación de un espíritu justo, igualitario y representativo.
Un nuevo 18 de julio de 1936 se cierne sobre la historia del Club Deportivo Tenerife; este acontecimiento estará fechado el 15 de diciembre de 2009, día de celebración, en primera convocatoria, de la Junta General Ordinaria de Accionistas, se plantea la usurpación del poco poder democrático del cual dispone la masa accionarial del Tenerife.
Para que nos entendamos: hoy en día sólo pueden participar en las Juntas de Accionistas del Tenerife aquellas personas que acrediten representar al menos ocho acciones, las cuales han de ser suyas o bien de terceras personas que las hayan cedido para esa ocasión. El cambio propuesto por el grupo rector de Miguel Concepción es que esa cifra ascienda a 115 acciones, lo cual supone multiplicar por catorce dicho requerimiento. De este modo sólo aquellas personas que hayan desembolsado casi siete mil euros en acciones de la SAD podrán ejercer su derecho a voto, toda vez que no se sabe si el cambio propuesto permite la delegación del voto en terceras personas.
Es, por tanto, un golpe a la democracia instaurada en el Club Deportivo Tenerife por el difunto José Javier Pérez Pérez, cuando, allá por 1992, convertía el club isleño en una Sociedad Anónima Deportiva. Entonces, sólo quienes tenían las ocho acciones que hoy por hoy dan derecho a ejercer el derecho societario podían votar en las Juntas, con lo que muchos ya se quedaban de por sí fuera de este selecto grupo, pero, al menos, era posible delegarlas. Ahora busque usted un accionista dispuesto a cargar con la responsabilidad de representar siete mil euros, siempre que este Consejo no ampute este recurso.
¿Accionistas minoritarios del Tenerife?
Esto es el acabose. Con el cambio, la dinámica gubernamental del Club, ya de por sí sesgada por la falta de transparencia y el exceso de presidencialismo, pasará a estar en manos de una nimia burguesía, acostumbrada a tomar las decisiones por su cuenta y sin que la muchedumbre le estorbe o incomode a la hora de aprobar cuentas o cambiar estatutos a conveniencia.
Como último apunte, una reseña histórica: el escritor Miguel de Unamuno espetó a José Millán Astray y Terreros, militar afín al Movimiento Nacional, un contunente “Venceréis, pero no convenceréis”. Ahora, Miguel, juguemos a que tú eres Millán Astray y yo soy Unamuno. Sin rifles, sin ejércitos: sólo con la idea y con la voluntad.