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AHORRA y NUNCA

02-02-2010
Rubén Monclús

El Tenerife concluye el mercado de fichajes del ya extinto enero de 2010 sin una sola incorporación en la plantilla de jugadores. La supuesta necesidad de no fichar, asumida por el Consejo de Administración y repetida hasta la saciedad en un intento de convertir en cierta una mentira difícilmente superable, deja ahora al Club en una situación de inferioridad deportiva respecto a todos sus rivales.

 

El pasado verano era el período de la esperanza. Tras consumarse el ascenso llegó el mercado estival, y con ello los más de cincuenta nombres asociados a la entidad del Callejón del Combate. Nadie, absolutamente nadie, iba a esperar que, de esa cincuentena de futbolistas, sólo acabaran incorporándose cuatro profesionales; a saber: Carlos Bellvís, Aitor Núñez, Román Martinez y Telmario de Araújo, más conocido como Dinei. A ellos se sumaron dos jugadores que ya vistieron la casaca blanquiazul en la pasada campaña: Luna, fichado, y Alfaro, cedido por segunda vez.

 

Atrás quedaban nombres como el de Mora, cuyo fichaje se cayó en el momento en que el Castellón, club de origen, hizo públicas las cantidades del acuerdo; Xisco, que parecía estar a punto de recalar en la Isla y que al final aterrizó en Santander, donde está haciendo una temporada ejemplar; o Tom de Mul, que iba a venir de un momento a otro como suplente de Juanlu, para, finalmente, dar Llorente un paso atrás y traerse a Dinei como complemento a Nino, desoyendo las peticiones de José Luis Oltra. Otros nombres se sumaron a la ya tradicional rueda de futbolistas que, cada temporada, orbitan en torno al Club, como pudieran ser Braulio, Natalio, Momo, Abel Aguilar o Antonio Hidalgo. Incluso sonaron con fuerza Jeffren y Pedro, ambos, sobre todo el segundo, importantes en el devenir del actual Barcelona.

 

Lo curioso es que las carencias del equipo se notaron ya en la pretemporada. Hubo varios partidos en los que el equipo olía a carne de segunda, caso de las derrotas ante Elche y Cartagena, y si no fuera por las victorias finales en el preparatorio, posiblemente el ambiente habría enrarecido mucho el comienzo de la Liga.

 

El inicio del torneo de la regularidad no sirvió sino para confirmar los presagios: una defensa endeble y descoordinada, un mediocampo descimentado y tosco, y una delantera desprovista de balones y de puntería. En Zaragoza se vió con gran claridad, y aún quedaba un pequeño margen para fichar, pero no se fichó. Ante el Osasuna ya era tarde, y si se ganó fue más por la mala disposición de los navarros que por un mérito local que, si bien existió, fue limitado. Esa victoria, de haberse tornado en contra, posiblemente habría cambiado, por completo, el devenir de la campaña y, por supuesto, las decisiones en materia de fichajes.

 

Ya lo comenta, y muy acertadamente, Juanjo Ramos, compañero de El Día, cuando afirma que los fichajes "tendrían que haber estado sobre el césped de El Sardinero", allá por el tres de enero del presente año. Y es que, como insisto, las carencias no se han venido detectando en este mes, ni en el anterior, sino desde antes, incluso del inicio del campeonato. Todo ello argumentado con una situación económica acuciante, que no es, ni mucho menos, la peor de Primera División.

 

Una cadena de supermercados llega ahora a Canarias con el lema "Ahorra o nunca". El Tenerife, por su parte, asumió el slogan "Ahorra y nunca". El Club ha preferido ahorrar dinero y no fichar; ha preferido perder la oportunidad de igualarse a equipos como Zaragoza o Málaga, con lo que afrontamos la segunda mitad de la Liga en inferioridad manifiesta. Ni el Consejo de Administración ni la dirección deportiva han hecho un solo amago de fichar. Sí es cierto que han habido nombres, de los más variopintos, sobre la mesa, pero en ningún caso se ha peinado el mercado con la intención certera de traer futbolistas al equipo. Y no sólo no se ha hecho ahora, de cara al mercado invernal, sino que, ni siquiera se hizo en verano, en un período en el que muchos equipos contrataron muy bien a coste cero, menos el Tenerife, que cerró cuatro incorporaciones, ninguna de las cuales es titular a fecha de hoy. Todo ello contando con que, como se nos ha venido repitiendo semana tras semana, Llorente es, en teoría, de los mejores directores deportivos de este país; supuestamente.

 

Cerrado el mercado, sólo queda apoyar a los 23 fubtolistas que completan la nómina de jugadores del primer equipo y al cuerpo técnico. Unos y otros son damnificados directos de la desidia e indolencia de los rectores del Club y del director deportivo. Por supuesto, los otros damnificados, y los más dañados a cuatro meses vista, somos los aficionados. Esos cuatro meses, quizá un poco más, es el margen que nos queda para salvar a este equipo, para, entre nosotros, aportar lo que Concepción, Llorente y compañía han negado al entrenador y a los jugadores: refuerzos.

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