El Tenerife concluye
el mercado de fichajes del ya extinto enero de 2010 sin una sola incorporación
en la plantilla de jugadores. La supuesta necesidad de no fichar, asumida por
el Consejo de Administración y repetida hasta la saciedad en un intento de
convertir en cierta una mentira difícilmente superable, deja ahora al Club en
una situación de inferioridad deportiva respecto a todos sus rivales.
El pasado verano era
el período de la esperanza. Tras consumarse el ascenso llegó el mercado
estival, y con ello los más de cincuenta nombres asociados a la entidad del
Callejón del Combate. Nadie, absolutamente nadie, iba a esperar que, de esa
cincuentena de futbolistas, sólo acabaran incorporándose cuatro profesionales; a
saber: Carlos Bellvís, Aitor Núñez, Román Martinez y Telmario de Araújo, más
conocido como Dinei. A ellos se sumaron dos jugadores que ya vistieron la
casaca blanquiazul en la pasada campaña: Luna, fichado, y Alfaro, cedido por
segunda vez.
Atrás quedaban
nombres como el de Mora, cuyo fichaje se cayó en el momento en que el
Castellón, club de origen, hizo públicas las cantidades del acuerdo; Xisco, que
parecía estar a punto de recalar en la Isla y que al final aterrizó en
Santander, donde está haciendo una temporada ejemplar; o Tom de Mul, que iba a
venir de un momento a otro como suplente de Juanlu, para, finalmente, dar
Llorente un paso atrás y traerse a Dinei como complemento a Nino, desoyendo las
peticiones de José Luis Oltra. Otros nombres se sumaron a la ya tradicional
rueda de futbolistas que, cada temporada, orbitan en torno al Club, como
pudieran ser Braulio, Natalio, Momo, Abel Aguilar o Antonio Hidalgo. Incluso
sonaron con fuerza Jeffren y Pedro, ambos, sobre todo el segundo, importantes
en el devenir del actual Barcelona.
Lo curioso es que las
carencias del equipo se notaron ya en la pretemporada. Hubo varios partidos en
los que el equipo olía a carne de segunda, caso de las derrotas ante Elche y
Cartagena, y si no fuera por las victorias finales en el preparatorio,
posiblemente el ambiente habría enrarecido mucho el comienzo de la Liga.
El inicio del torneo
de la regularidad no sirvió sino para confirmar los presagios: una defensa
endeble y descoordinada, un mediocampo descimentado y tosco, y una delantera
desprovista de balones y de puntería. En Zaragoza se vió con gran claridad, y
aún quedaba un pequeño margen para fichar, pero no se fichó. Ante el Osasuna ya
era tarde, y si se ganó fue más por la mala disposición de los navarros que por
un mérito local que, si bien existió, fue limitado. Esa victoria, de haberse
tornado en contra, posiblemente habría cambiado, por completo, el devenir de la
campaña y, por supuesto, las decisiones en materia de fichajes.
Ya lo comenta, y muy
acertadamente, Juanjo Ramos, compañero de El Día, cuando afirma que los
fichajes "tendrían que haber estado sobre el césped de El Sardinero",
allá por el tres de enero del presente año. Y es que, como insisto, las
carencias no se han venido detectando en este mes, ni en el anterior, sino
desde antes, incluso del inicio del campeonato. Todo ello argumentado con una
situación económica acuciante, que no es, ni mucho menos, la peor de Primera
División.
Una cadena de supermercados llega ahora a Canarias con el lema "Ahorra o nunca". El Tenerife, por su parte, asumió el slogan "Ahorra y nunca". El Club ha preferido
ahorrar dinero y no fichar; ha preferido perder la oportunidad de igualarse a
equipos como Zaragoza o Málaga, con lo que afrontamos la segunda mitad de la
Liga en inferioridad manifiesta. Ni el Consejo de Administración ni la
dirección deportiva han hecho un solo amago de fichar. Sí es cierto que han
habido nombres, de los más variopintos, sobre la mesa, pero en ningún caso se
ha peinado el mercado con la intención certera de traer futbolistas al
equipo. Y no sólo no se ha hecho ahora, de cara al mercado invernal, sino que,
ni siquiera se hizo en verano, en un período en el que muchos equipos
contrataron muy bien a coste cero, menos el Tenerife, que cerró cuatro
incorporaciones, ninguna de las cuales es titular a fecha de hoy. Todo ello
contando con que, como se nos ha venido repitiendo semana tras semana, Llorente
es, en teoría, de los mejores directores deportivos de este país; supuestamente.
Cerrado el mercado,
sólo queda apoyar a los 23 fubtolistas que completan la nómina de jugadores del
primer equipo y al cuerpo técnico. Unos y otros son damnificados directos de la
desidia e indolencia de los rectores del Club y del director deportivo. Por
supuesto, los otros damnificados, y los más dañados a cuatro meses vista, somos
los aficionados. Esos cuatro meses, quizá un poco más, es el margen que nos
queda para salvar a este equipo, para, entre nosotros, aportar lo que
Concepción, Llorente y compañía han negado al entrenador y a los jugadores:
refuerzos.