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El Tenerife sumó su primer punto a domicilio ante un Valladolid que se encontró demasiadas facilidades en la primera parte. El segundo tiempo continuó por los mismos derroteros, aunque la última media hora le bastó a los de Oltra para empatar un 3-0 en contra y hasta intentar remontar el partido. Desazón, por tanto, en las filas blanquiazules por los minutos perdidos pero alegría por el primer punto como visitante.
La semana había sido tranquila en el seno blanquiazul. Quizá demasiado tranquila. Por ello, quizá, el partido se presentaba con alicientes más negativos que positivos. Que el Valladolid estuviera igualado a puntos con su rival de esta tarde debía servir de acicate para lograr la victoria, y así lo entendían cuerpo técnico, jugadores y afición; sin embargo, no era precisamente de optimismo la sensación en el ambiente.
El partido se inició con mucha energía por parte del Tenerife, que acumuló varios ataques sobre la meta del portero franjivioleta. Parecía que la fórmula táctica dispuesta ante el Sevilla podía repetirse contra el Valladolid, pero al final no fue ése el estilo impuesto por el Tenerife, sino otro mucho más anárquico y menos basado en la conducción del balón, por lo que se vio absolutamente fuera de sí en amplios momentos del partido. A pesar de todo, los de Oltra se iban haciendo acreedores de un gol, mientras que los locales se mostraban nerviosos y sin ideas para poner en peligro la meta de Aragoneses.
Claro que, aunque la mona se vista de seda, mona se queda. El Tenerife volvió a adolecer de poca inteligencia defensiva al cerrar con sólo dos hombres un córner a favor, mientras el Valladolid descolgaba dos delanteros para el contragolpe. Como la suerte tiene esos caprichos, el Tenerife perdió el balón y le llegó a uno de los delanteros, que en un uno contra uno a punto estuvo de adelantar a los suyos. La siguiente jugada, idéntica en su estructura, tuvo peor resultado para los de Oltra, pues Diego Costa pudo zafarse de Míkel y batir a Aragoneses sin oposición.
Con esta jugada se consumaba, una vez más, un mazazo defensivo que el Tenerife no merecía por propuesta pero sí por concentración, o más bien, por falta de ella. Sintomático fue que el propio Míkel provocó, ocho minutos después, un penalti sobre Canobbio. El propio delantero se encargaría de poner tierra de por medio.
Los últimos diez minutos fueron los de un equipo con dudas, derrotismo y desesperanza. Lo mismo debió ocurrir al comienzo de la segunda parte, cuando el Valladolid, sin nada del otro mundo, sumaba su tercer tanto, obra de Diego Costa, en un remate de cabeza mal defendido por Pablo Sicilia.
José Luis Oltra tiró entonces de su ideario y metió a Ángel en lugar de Juanlu cuando corría el minuto 58. Dicho y hecho: cuatro minutos después el Tenerife conseguía recortar distancias gracias a un balón mal despejado por la defensa local que Nino rescató y empujó hasta el fondo de la portería. El propio Ángel marcaría a falta de 20 minutos para el final, merced a un segundo error de la zaga del equipo de Mendilibar, que se derrumbaba anímicamente y volvía a experimentar los miedos del comienzo del partido. En el mismo instante entraba Ayoze por un gris Omar, que no tuvo una tarde tan inspirada como otras jornadas.
Tras el 3-2 el Tenerife comenzó a crecerse y a merodear mas la meta de Justo Villar. Ángel tuvo un par de ocasiones para marcar, aunque no tuvo la suerte del anterior gol, lo que seguía, sin embargo, sembrando más temores en el equipo vallisoletano. Finalmente fue en el minuto 84 cuando Ayoze remató un corner horriblemente defendido por los locales.
El resto del partido mantuvo la misma tónica, con un Tenerife dispuesto a consumar la remontada y un Valladolid plagando su once de jugadores defensivos para no encajar más tantos. Entremedias, Luna fue expulsado por doble amarilla y Ángel volvió a deaprovechar un balón surtido por Nino que habría supuesto un increible 3-4.
Con este partido, absolutamente inexplicable, el Tenerife suma su primer punto como visitante. Además confirma que empieza a recuperar su olfato goleador y confirma que su defensa es de las más endebles de Primera. Por último, deja una preocupante muestra de que la concentración de los jugadores será esencial para seguir sumando; y no es que eso sea preocupante. Lo que resulta más temoroso es que la concentración aparece y desaparece casi por azar.
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