22/03/2012

El triunvirato

Por definición, un triunvirato es una forma de gobierno ejercido por tres personas, normalmente aliadas entre sí. En el plano deportivo, el CD Tenerife está gobernado por un triunvirato formado por el Capitán General Pedro Cordero, el comandante Manolo Sánchez y el cabo chusquero Andrés García Tebar. Eso si, la única alianza segura y al parecer inquebrantable que existe en este triunvirato es la de los dos primeros, unidos per secula seculorum hasta que Movistar, Vodafone u Orange los separe. Andrés García Tébar tiene la apariencia de ese soldado de fortuna que ha caído en un ejército de élite (decandente y en decadencia, pero de élite al fin y al cabo) pero que sabe que es ave de paso y que, por eso, pinta poco.

El capitán general Cordero, con poder omnímodo en toda la parcela deportiva, por obra y gracia del César Concepción y por recomendación del magnate de los negocios (que no del fútbol) Quique Pina, empezó su actividad de gobierno en el Tenerife con fuerza, negociando salidas, fichando a mansalva y fichando antes a su segundo entrenador que al primero. Con el paso de los meses, las comparecencias públicas de Cordero se han ido difuminando y su supuesta eficacia gestora, a la vista del resultado de muchos de sus fichajes, también.

El comandante Sánchez, que aspira a teniente coronel pero que sólo tiene la experiencia y capacidad de un alferez de pacotilla, es su perro fiel. Su perro de presa. Su hombre en vestuario, en el del entrenador y en el de los futbolístas. Sánchez se nos aparece como el verdadero brazo ejecutor de las estrategias tácticas de su superior jerárquico, carpeta en mano, movil en la oreja y espectáculo indigno para esta entidad cuando se ha quedado en la grada por sanción. El Tenerife, una institución casi centenaria,el 24º equipo en la clasificación histórica de la primera división española, no puede permitirse la imagen de estos shows grotescos. Personaje siniestro, José Antonio felipe dixit.

Y qué pinta el cabo García Tébar. No lo sabemos. Solo mal se puede decir de un entrenador que asiste a ver como su segundo hace los cambios, llama a los jugadores y les imparte la charla técnica ante su silencio impasible. De lo poco que sabemos de García Tébar, el chusquero, es que en Tenerife está demostrando lo que nos decía su currículum: nada. Ni fútbol, ni idea de equipo, decisiones equivocadas y mucha, demasiada, palabrería. Tanta palabrería que ya dentro del vestuario se le cuestionan sus modos y su discurso, llegando las primeras quejas por su excesivo protagonismo y su, parece ser, soberbia dentro de la caseta. Para entendernos, en el vestuario hace semanas que no lo aguantan. De él, de momento, nos quedan algunos resultados, pero nada de juego.

Así las cosas, como esto es Tenerife, una derrota es una crisis y una victoria, celebración en la charca de la Plaza de España. Pero algunos no se han dado cuenta de que el juego lleva a los resultados y no al revés y que, cuando no se demuestra juego, lo normal es no ganar. Con eso, lo inevitable: Cordero "puentea" a Tébar a la hora de hablar con el vestuario; Tébar se enfada con el vestuario; el vestuario se cansa del mister; y el mister recela de su segundo.

Conclusión: el triunvirato es dueto, el ejército es el de Pancho Villa y si el juego y los resultados no lo arreglan, el ambiente empezará a oler a podrido dentro de una institución que lleva 4 años en franco proceso de descomposición.
28/12/2011

Cuento de Navidad

Érase que se era una tierra muy cálida, llena de impresionantes monumentos naturales y de un clima benigno donde sus habitantes disfrutaban de una vida plácida. Las gentes de ese lugar tenían esa mezcla de ingenuidad e indiferencia por los problemas que les rodeaban que les hacían ser seres apáticos. Apáticos pero felices, repetían sin cesar. Y nosotros, ellos, decían, lo que queremos ser es tremendamente felices pase lo que pase a nuestro alrededor.

Uno de los divertimentos de esa gente era el balompié, deporte centenario en aquellas tierras, que era practicado y aficionado por miles y miles de personas. Tenían un equipo, el que les representaba, al que amaban con todas sus fuerzas. Lo loaban en sus victorias y lloraban con tristeza sus derrotas.

Pero ese equipo de fútbol no estaba gobernado por gente ingenua y pacata, sino por fieros lobos forjados a base de hormigón, cemento y, sobre todo, mucho dinero. Un día, en una tarde gélida extraña en las cálidas latitudes de esa tierra, los lobos se reunieron, comieron, bebieron y decidieron repartirse los bienes de aquel equipo de fútbol. Nadie los eligió pero ellos, con el poder que les otorgaban sus influencias, se asomaron a lo más alto. Aquel club de fútbol, santo y seña para sus habitantes, tenía unos improductivos terrenos, áridos e inertes, sobre los que asentaba un puñado de terrenos de juego mal cuidados.

Y un día, aquellos lobos con piel de cordero, decidieron vender una parte de esos terrenos. Y más tarde, ceder la gestión de otra parte y vender otra distinta al Cabildo de aquellas tierras. Y poco después, quedarse con el resto.

Aquel Cabildo, elegido sabiamente por aquel apático pueblo, era pobre y no podía atender las necesidades básicas de su gente. No podía costear, decían, hospitales para sus enfermos en las comarcas del sur y del norte. Sin embargo, un día, por arte de birli-birloque, apareció una ingente cantidad de dinero para comprar a aquellos lobos una parcela de suelo inerte. Y aquellos lobos, los que nadie eligió para vigilar a los corderos, les dijo que compraban otra parcela de arrabal inservible por un precio más de 7 veces superior al que se había comprado por aquel, por entonces, humilde equipo de fútbol del pueblo.

“Milagro, milagro”, se repetía por las esquinas. La gente alborozada saltaba de alegría. “Todos nuestros males están a punto de desaparecer”, decían abrazándose. “Una noticia magnífica”, titulaban los periódicos cuyos periodistas, en petit comité, cuestionaban aquella operación pero que no se atrevían a lanzar esas dudas en sus medios. Paren las rotativas, una especie de milagro se ha obrado. La buena nueva de la Navidad, la buena obra de aquellos lobos que no lo eran tanto porque, pensaba aquella buena gente, todo lo han hecho por nuestro bien y por el de nuestro equipo de fútbol.

No habrán recalificaciones, no habrán plusvalías, todo es un sacrificio personal. Una acción samaritana propia de un cuento de Navidad.

Pero, mientras tanto, aquella apática e ingenua gente del cálido paraíso, tenía que seguir sufriendo como su equipo de fútbol se arrastraba por campos de tierras gélidas desprotegido, pobre, empobrecido y sin un futuro más allá del mañana presente. Eso si, lo hacían en silencio y felices.
18/12/2011

El rey estaba desnudo

Esta tarde he recibido un sms de un buen amigo tras el partido contra el Marino de Luanco. "¿Qué harías?", me escribió. El empate contra el equipo asturiano habrá cogido a pie cambiado a muchos aficionados, pero a otros, a los que nos tachaban hace 2 meses de aguafiestas, de anti-tinerfeñistas, de pedir espectáculo en lugar de resultados (lo cual es mentira, por cierto), no ha sido ni siquiera la gota que colmaba un vaso que hacía semanas que se rebosaba. El equipo, si sigue jugando así, se va a caer, decíamos. Pero las milongas de la clasificación, de la media inglesa, de la importancia de los resultados frente a cualquier otro elemento, de la dificultad de la categoría....lo tapaba todo. El Rey estaba desnudo pero le seguían riendo las gracias.Estoy confundido, le respondí. La clasificación del equipo, tercero, le otorga un colchón de crédito a un Antonio Calderón con el crédito agotado hace muchas jornadas. Si, además, cayera el entrenador tras él debería caer indefectiblemente quien lo contrata, quien confía en él el proyecto más urgente de la historia del CD Tenerife y quien le ha puesto los mimbres, o sea, Pedro Cordero. El Director deportivo, responsable de darle un Fórmula 1 a un conductor sin puntos en el carnet, es resposable solidario de este desaguisado.

Habrá que dar bajas y altas, no cabe duda. A todo lo anterior, unamos la responsabilidad de un grupo de jugadores que, en muchos puestos, pueden ser lo mejor de la categoría desde un punto de vista individual, pero que en lo colectivo y en lo mental son simple y llanamente patéticos, lamentables, sin altura, sin pasión, sin sangre. Resulta evidente que cuando un jugador pasa por X equipos en otros tantos años y no juega en una categoría superior por algo es. Si por algo bendicen el agua, cuando la desechan también habrá un porqué.

Pero no nos engañemos. El gran montón de estiercol seco en el que se ha convertido este club, en el aspecto deportivo, institucional, social y económico sólo tiene un responsable: Miguel Concepción Cáceres. Su gestión económico-deportiva en los últimos 3 años sólo puede calificarse como de impresentable, negligente y lastimosa. Al señor que han puesto ahí desde la política y por culpa de ella y de la falta de movilización del atomizado capital social blanquiazul, es a quien hay que pedirle, en primer término, responsabilidades. No reforzó un equipo en primera para mantenerlo en favor de reducir (?) la deuda de la sociedad; no cortó de raíz las indisciplinas y pasotismo de un grupúsculo de jugadores comprados a golpe de talón en segunda A; 4 directores deportivos, 6 entrenadores; echarse en los brazos de Quique Pina un verano en el que desarboló el proyecto que había iniciado la primavera inmediatamente anterior; alejamiento de la masa social del día a día del club; prepotencia y chulería... Este terreno lo ha quemado él, y sólo sin él podremos hacer que empecien a crecer las primeras briznas de hierba verde que oxigenen un club que ha dejado de ser nuestro.

Jugadores, entrenador, cuerpo técnico, director deportivo, Consejo de Administración, Gerente, Presidente: todos malos, todos culpables. Mientras tanto, sigo confundido en cuál es la solución a corto plazo.
05/11/2011

A vueltas con Calderon

La historia del CD Tenerife está trufada de entrenadores a los que se les ha encargado la ardua misión de ascender al equipo a una categoría superior. Sólo unos pocos han sido los que lo han conseguido: Oltra, Benítez, Joanet, Martín Marrero...sólo por nombrar los ascensos más recientes en los últimos 25 años. Por el camino han quedado entrenadores y presuntos entrenadores. Para acometer la misión más importante en la historia de nuestro club, por importancia, por relevancia y, fundamentalmente, por urgencia, se eligió a Antonio Calderón.

Antonio Calderón no fue el primer plato del menú blanquiazul para dirigir la nave del ascenso en dirección al profesionalismo. Ni siquiera el segundo. Tal vez fue ese fast food del que se tira cuando no se sabe qué almorzar porque la despensa de casa está vacía. David Amaral parecía el primer plato, elegido meses antes, si bien el gourmet Miguel Concepción comenzó a hacerle ascos y decidió no sólo cambiar de plato, sino también de chef. Para ello se puso al frente de los fogones deportivos del Callejón del Combate a un tal Pedro Cordero, recordado como un mediocre futbolista, sin experiencia en la dirección deportiva y recomendado al presidente por Quique Pina. La primera elección de Cordero había sido Antonio Terrazas, quien aún hoy sigue sorprendiendo al frente del recién ascendido Guadalajara. Pero como las apetencias de éste eran las de entrenar en segunda división A, la carta del menú terminó ampliándose y la decisión del club terminó en la persona de un Antonio Calderón que venía de ser cesado en el también descendido Albacete Balompié.

Antonio Calderón fue un zurdo que se desenvolvía tanto en lado siniestro del centro del campo, como en el lateral de esa banda, formando parte de aquel Cádiz de los milagros de finales de los 80, el Mallorca, el Rayo Vallecano y el Lleida antes de iniciar su gira de despedida del fútbol en Escocia, donde se retiró y comenzó su carrera de entrenador. Su fútbol era, en cierta medida, un reflejo de lo que es ahora como entrenador: no pasaba de ser correcto pero con cierta tendencia a la anarquía e inestabilidad.

Desde que llegó a la isla, este equipo que lleva desde finales de julio "en formación", se ha caracterizado por una ausencia total de filosofía de juego, un patrón basado en el juego directo y un ir y venir de posicionamientos tácticos: del 4-4-2, al 4-1-4-1, pasando por el 4-3-3, deambulando por un 4-2-3-1,o improvisando un 4-2-2-2. Todo esos cambios se han resumido en un juego paleolítico consistente en el pelotazo del primero de los centrales a la posición de Kiko Ratón y, desde ese fundamento (más simple que el mecanismo de un botijo) intentan armar (es un decir) el juego de ataque. A partir de ahí, poco desparpajo, casi nula proyección ofensiva de los laterales, casi completa ausencia de jugadas ensayadas a balón parado y una más que preocupante endeblez defensiva debida, fundamentalmente, por la ausencia de presión en la salida de balón contrario y un posicionamiento defensivo "aculándose" sobre la línea de su propia área grande. En este primer tercio de temporada ha utilizado a prácticamente todas las piezas del puzzle, salvo Razak, Sergio Rodríguez y el lesionado Pablo Sicilia. Cambios a destiempo o mal ejecutados en perjuicio del equipo. Apuestas en la jornada siguiente por eventuales buenas actuaciones de los futbolistas en breves periodos de tiempo (basta tener una aportación mínimamente aceptable durante 15 minutos de un partido para que un fútbolista parezca ganarse su puesto la semana siguiente).

A la inconsistencia de su trabajo táctico-técnico hay que unir dos aspectos importantes: de un lado, su más que evidente hipersensibilidad con todo lo que representa el "entorno" blanquiazul, más preocupado por el qué dirán que por el cómo resolver los problemas. De otro lado, esa extraña permeabilidad que, se dice en los mentideros de la isla, tiene respecto a las opiniones, decisiones o cómo quieran denominarse que vienen de Pedro Cordero, ese director deportivo que entra al vestuario, trasmite órdenes y, según parece, influye en la alineación de determiandos futbolistas.

¿Es Antonio Calderón el hombre adecuado para ascender urgentemente al CD Tenerife a la Segunda División A? Eso sólo lo dirá el tiempo, pero a fecha de hoy, y transcurrido un tercio de competición, da la sensación de que el gaditano no sería capaz de subir ni un ascensor.
OPINIONES DE...
Política de privacidad | Quienes somos | Contacte con nosotros
2012 Zona Blanquiazul. Todos los derechos reservados